Al terminar la empinada calle que da a una de las puertas de la ciudad, Jesús extenuado y sin fuerzas cae por segunda vez.
Ya falta poco para llegar al sitio de la crucifixión.
Qué frágil es la condición humana aunque la estimule el mejor espíritu.
Jesús por el suelo otra vez no se siente derrotado ni abandona su cometido.
Está empeñado en seguir, en llevar a cabo los planes de Dios.
No es tan grave caer como el no poder levantarse.
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