La Quinta Estación se contempla el episodio en el que la Verónica limpia el rostro de Jesús.
En el camino hacia el Calvario, una mujer se apiada del aspecto de Cristo: con el rostro desfigurado por el sufrimiento, el dolor, la sangre, los salivazos, el polvo, el sudor...
Se compadece, se abre paso entre la gente y con un lienzo le limpia piadosamente el rostro.
El Señor le responde a su gratitud dejando, en el paño, grabada su Santa Faz.
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