viernes, 1 de mayo de 2026

Escapada a los Montes Universales -II-: Orihuela del Tremedal.

El martes terminamos el día ya en plena Serranía de Albarracín, en los alrededores de la Residencia de Tiempo Libre -Orihuela del Tremedal-, rodeados de pinos, de robles algunos con hojas marrones de la temporada anterior compitiendo con los nuevos brotes de esta primavera, de tremedales esos terrenos pantanosos con turba cubierto de hierba que hace mullido el caminar, que tiembla cuando se anda sobre el y sus ríos de piedra, esas formaciones de bloques de roca debidas a la acción del hielo que va rompiendo las cumbres de cuarcitas del macizo del Tremedal , bloques que, por efecto de la gravedad, se van desplazando en masa por el valle abajo pareciendo ser ríos, corrientes pétreas.
La palabra tremedal, de origen latino 'tremere' = temblar, inspira el nombre de la población, de la advocación de la Virgen, e incluso el nombre de pila de algunos de sus habitantes.
Los más aventureros ya se dieron un largo paseo e incluso hubo algunos que subieron hasta la ermita de la Virgen del Tremedal.
La Residencia fue inaugurada en 1953 y aunque ha sufrido reformas permanece su estructura original simula una gran edificación de estilo aragonés con sus arcos, sus sobresalientes aleros y los postigos de madera en sus ventanas.
La mañana del miércoles amenazaba lluvia, no obstante desafiamos las predicciones y desde la Residencia nos lanzamos a recorrer la localidad.
Nada más bajar la cuesta, a la entrada del pueblo, nos tropezamos con el río Gallo, afluente del Tajo, de aguas cristalinas porque su cauce está encementado.
De allí, a la plaza del Ayuntamiento, donde nos topamos con los puestos del mercadillo semanal.
Seguimos contemplando las casonas señoriales con su artística rejería, y callejeando hacia la cúspide del pueblo la iglesia de San Millán, dedicada a este santo riojano y que recuerda que  seguramente los repobladores de Orihuela eran de la actual Rioja.
Cuando bajábamos de la iglesia, con un preludio de jota 'Nuestro querer nació fuerte',
oímos un pregón que anunciaba a la población las diversas especialidades de las paradas del mercadillo. 
En nuestro callejear nos hemos encontrado con una antigua parra cuyas ramas ocupan varias casas, y que siempre que acudo a Orihuela me gusta contemplar y fotografiar.
No se puede ir uno de un sitito si catar alguno de sus productos típicos, así que buscamos la panadería y allí compramos rosquillas, empanadillas dulces de cabello de ángel, un regañao de panceta y hojaldres, algunos de los cuales ya degustamos, bañados por el tímido sol de primavera y sentados en el banco de madera que hay en la puerta.😄
Un trago de agua de la fuente y ¡hala! a emprender la subida hasta la Residencia acompañados por el camino por el aroma a madera recién cortada de las empresas que jalonan la carretera.
Fue una mañana muy aprovechada.
-Jedrea + Margalló-

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